"Nos toca edificar una nueva casa con
materiales de derribo y técnicas heredadas".
María Elena Simón Rodríguez (2000)
1. La intención conceptual y metodológica
Necesario es el desarrollo de una cultura de debate y fundamentación teórica en las propuestas de cambio tanto a nivel individual como colectivo. Cultura donde no puede faltar el fortalecimiento crítico y analítico de las condiciones generadas por las relaciones de género. Por eso, qué bueno si este escrito, que les llega a través de este humanista medio, logra incentivar a dilectos lectores y lectoras. Ojalá provoque contradicciones y profundas ganas de hacer cuestionamientos. Para que, se proyecten diversos puntos de vista, hasta sus distintos espacios de desenvolvimiento. Fundamentalmente, si se reproducen desde y para mujeres de diferentes sectores y condiciones socioeconómicas, hayan o no recibido formación en teoría feminista. Pues, todas desde su cotidianidad cuentan con un bagaje enorme de experiencias muy, pero muy aleccionadoras. Porque, ¿quién no ha vivido las relaciones de género? Si están presentes en el trabajo doméstico remunerado o no; en la procreación y la maternidad, unidas a la sexualidad y la violencia de género. Así mismo, en los derechos humanos conculcados o conquistados y, en los liderazgos y la militancia organizada desde movimientos de mujeres y feministas. Y, aunque no haya militancia directa, estoy segura que no faltarán las veces en que se habrá deseado practicarla, o se ha adquirido el conocimiento de su existencia, a través de los medios de información, que ya van cediendo espacio a este sentidísimo tema-problema.
El empoderamiento femenino, desde la participación política, se plantea acá como posibilidad de transformación de las relaciones sociales. Como opción ética de estos tiempos, pues va más allá de la exclusiva participación partidaria o parlamentaria. Pártese, a manera de contextualización, de que la presente época es nicho de un sistema no sólo más financiero que productivo, sino preferentemente, más masculino que femenino. Especialmente, en cuanto a sus cuadros de dirección y control político. Porque, en la propalada democracia y promocionado Estado de Derecho, se actúa según lo acuerdos tomados por las élites de un poder oportunista que dicta y prescribe, para su propia conveniencia, lo que se puede o no hacer y decir. Reina la arbitrariedad en las relaciones sociales: de arriba hacia abajo. A excepción del relativo ejercicio del derecho al voto (tema además muy cuestionable en su legitimidad), para nada se ejercen derechos y menos decisiones sustanciales de abajo hacia arriba. De ahí deriva, la seguridad profunda en esta ponencia, de que la única reflexión ética, será aquella que ayude a encontrar qué hacer para cambiarlo, desde las posiciones políticas de las mujeres. Nada fácil la misión, pues el sistema oculta sus entrañables absolutismos con un muy bien elaborado discurso enajenante.
